¿Cómo afecta la inflación a las pymes?
Uno de los objetivos fundamentales de los Tratados de la Unión Europea es mantener la inflación en valores próximos al 2%, algo que se está incumpliendo desde hace casi tres años y que se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para las autoridades monetarias. El Banco Central Europeo (BCE) mantiene la firme determinación, en palabras de su presidente, de recuperar el objetivo de inflación. Sin embargo, no todos los analistas están tan seguros, o cuando menos no se esperan grandes resultados a corto plazo. Según el Eurostat (la Oficina Europea de Estadística), el índice de precios al consumo (IPC) euro de noviembre se situó en el 0,1%, lo que mantiene la inflación enquistada en la zona cero.
La situación es bastante anormal pero es una de las herencias que nos deja la crisis económica. Que el BCE comprara hace tres años deuda pública estaba fuera de los Tratados de la Unión. Romper esta regla casi fue elegir lo menos malo. El efecto positivo fue evitar la quiebra de países de gran peso (como España), pero los efectos negativos están ahora presentes. Estamos en una era de política monetaria expansiva, hay un exceso de liquidez en el mercado interbancario donde los tipos cotizan en muchos tramos en valores negativos. Y también explica que muchos países, entre ellos España, estén accediendo a una financiación en los mercados a tipos próximos a cero o negativos como ocurrió en la última subasta de deuda.
Las últimas decisiones del BCE siguen en la línea de levantar la inflación como sea: más compra de deuda pública (ya casi es un empacho) hasta el 2017 incluidas regiones y comunidades, bajada del tipo de interés (que ya casi está a cero) y más penalizaciones a los bancos por el exceso de depósitos (buscando menos dinero parado y más crédito). El fin es contrarrestar la evidencia de que toda esta liquidez se está enquistando en los mercados y no fluye a la economía real, y hasta que eso no pase es difícil un repunte de precios.
Diferencias entre desinflación y deflación
Los datos de inflación en España siguen la misma línea, con casi dos ejercicios consecutivos de inflación negativa. ¿Es esta situación para las pymes buena o mala? En este sentido hay opiniones para todos los gustos. Pero también podemos plantearnos, ¿estamos ante una situación de desinflación o de deflación? La desinflación implica una caída de precios debida a las variaciones de los productos más volátiles de la cesta de referencia (como los combustibles o los productos perecederos), y la deflación indica una caída generalizada y prolongada en el tiempo de los precios de los bienes y servicios, provocada por una bajada drástica de la demanda interna. La deflación tiene un componente peligroso porque genera un cambio en las expectativas de la población al preferir ahorrar antes que consumir, a la espera de que los precios puedan caer aún más; mientras, las empresas deben ceder a mayores bajadas de precios y dejan de invertir por falta de demanda: la recesión se retroalimenta. En España parece que el fantasma de la deflación se aleja: la confianza del consumidor aumenta y la demanda interna se está reactivando, aunque lentamente.
Sin embargo, la bajada de precios ha tenido efectos positivos:
- Vía producción: la caída de los precios de las materias primas, especialmente el petróleo y sus derivados, suponen menores costes de producción para muchas pymes.
- Vía competitividad: ha mejorado la competitividad de las empresas, sobre todo a través de menores costes laborales. Los sueldos han bajado o se han mantenido. En estos contextos se suele mejorar también la utilización de los recursos productivos.
- Vía financiación: Los tipos de interés bajan, aunque también es verdad que una inflación negativa en el tiempo hace más difícil pagar la deuda.
- Vía exportación: Los precios bajos ayudan a las pymes exportadoras a ser más competitivas.
Y también hay efectos negativos. La caída de la demanda interna ha creado un entorno muy competitivo, en torno a precios muy bajos. Las pymes se ven obligadas a mantener esa situación e incluso a seguir bajando precios, en ocasiones casi a niveles de subsistencia. El margen de venta es muy bajo y las estructuras de las empresas lo están sufriendo.
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